La jornada de ocho horas. El 1º de Mayo.

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El 1º de Mayo es el Día Internacional de los Trabajadores. Tiene su sentido en la lucha de los trabajadores por la jornada de ocho horas, y rescata la memoria del “crimen de Chicago” y en sus mártires. Como consecuencia de aquella jornada de lucha en 1886, ocho dirigentes anarquistas pagaron con su vida o su libertad por delitos inexistentes. Con un juicio fraudulento un régimen injusto los hizo pagar por sus principios, sus convicciones y por sus ideales.

Por Bruno Pedro De Alto

Sin embargo, la memoria colectiva va olvidando este verdadero sentido de la fecha. En ella no se festeja nada, es un día de conmemoración y de lucha.

Tengo la experiencia personal de haber preguntado repetidamente, y en varios ámbitos docentes, ¿Qué se conmemora el 1º de Mayo? y ¿Por qué? Las respuestas, son variadas. Aquí una muestra.

  • El Día del Trabajo,
  • El Día Internacional del Trabajo,
  • El Día de la Constitución (!?) (1),
  • La muerte de Sacco y Vanzetti,
  • El incendio de una fábrica en Estados Unidos, con mujeres adentro,
  • y finalmente, por fin, la Tragedia de Chicago.

En resumen, el 1º de Mayo ya no es el Día Internacional de los Trabajadores, sino un día festivo, feriado, y que se recuerda no sé qué cosa.

Este artículo pretende, humildemente, recuperar la memoria perdida y confundida. Y colaborar por el reclamo, aún hoy, de la reducción de la jornada de trabajo y la dignificación de los trabajadores y sus ideales.

Los mártires de Chicago.

La permanente presión de los sindicatos, y fundamentalmente los movimientos huelguísticos, hicieron que el Congreso norteamericano votara en 1868 una ley que reducía la jornada de los trabajadores públicos y la fijaba en ocho horas. Sin embargo, la actividad privada se caracterizaba por jornadas de once y doce horas.

Ya constituida la Federación Americana del Trabajo (AFL), en su congreso de 1884 aprobó una histórica resolución: las organizaciones obreras de Estados Unidos y Canadá se comprometían a conquistar la jornada de ocho horas para todos los trabajadores. Elijen como fecha el 1º de Mayo de 1886. Fecha que resultará histórica.

El 1º de mayo de 1886 paró a 200.000 trabajadores norteamericanos que pedían por la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas. En diversos puntos de aquel país se produjeron disturbios, represión policial y muerte de trabajadores. Pero el máximo de arbitrariedad y terror sucedió días después en Chicago, que por aquel entonces era la segunda ciudad de EE.UU. y el centro de acción del anarquismo más importante de aquel país.

La huelga iniciada el 1º de Mayo continuó durante los días subsiguientes. Unos cuarenta mil huelguistas se veían afectados por los despidos en masa y la acción de los rompeehuelgas. El drama empezó el 3 de mayo, frente a las puertas de las fábricas Mc Cormick. En la entrada al establecimiento se realizaba una asamblea de trabajadores madereros, para elegir una comisión de huelga para entrevistarse con la patronal. Las escaramuzas se iniciaron con los rompehuelgas, pero finalmente apareció la policía disparando a mansalva contra los trabajadores: esa jornada terminó con por lo menos 6 muertos y 50 heridos.

Al día siguiente, el 4 de mayo, en una plaza de Chicago, la Haymarket Squere, se realiza un acto. Hacen uso de la palabra varios dirigentes anarquistas. Para evitar enfrentamientos, se había pedido autorización. Hasta el mismo Alcalde presenció el acto para verificar cualquier anormalidad. Casi finalizado el encuentro, la amenaza de lluvia invita a la retirada de los casi 3.000 asistentes. Solo los organizadores y un reducido grupo de trabajadores quedan próximos al improvisado palco. En ese instante, se hacen presentes 180 policías. Empieza el desastre.

Una bomba vuela por detrás del palco, explota y mata e hiere a ocho policías. Quien arrojó la bomba nunca fue juzgado. Se supone que se trató de un provocador. Rubén Iscaro en su libro sobre el 1º de Mayo afirma: “Tiempo después del proceso que se le siguió se descubrió el origen policial y patronal de la bomba […]”.

Lo que si es cierto que esa bomba desató un infierno: tiros a mansalva, detenciones, torturas, clausuras de periódicos obreros, represión generalizada. La gran oportunidad para descabezar al movimiento anarquista de Chicago, mayoritariamente compuesto por inmigrantes europeos. “esa basura europea que abusa de nuestra hospitalidad”, dirá la prensa.

La detención y proceso a 8 dirigentes es el principio del fin de aquel drama que aún hoy conmueve. El juicio fue viciado, burdo, fraudulento y predeterminado: la muerte de los dirigentes anarquistas, era su objetivo. Poco se podía hacer. Había que hacer pagar a aquellos que cuestionaban el orden constituido, hacerles pagar por sus principios, convicciones e ideología.

El proceso obvió determinar al responsable material del arrojo de la bomba, cosa que pudo hacerse, pero centró sus esfuerzos en justificar la horca para los ideólogos de una prédica desestabilizadora del orden socialmente injusto que significaba el poderoso sistema económico norteamericano.

El 28 de agosto se da a conocer el veredicto: siete de los acusados son condenados a la horca, el restante a 15 años de prisión. Se sucedieron apelaciones, nuevos alegatos y pedidos de clemencia, todo en vano. Llegado el momento de la ejecución solo cuatro de los siete condenados llegaron al patíbulo. Dos habían recibido el beneficio del cambio de condena, a pesar de su deseo de ser ejecutados con sus compañeros. Sin embargo, ese cambio de condena los beneficiaria años después cuando llegó la reparación histórica. Peor fue el destino del anarquista Lingg, uno de los condenados al patíbulo. Se le fraguó un suicidio. Lingg murió en su celda, al estallarle una bomba fabricada con dinamita en su boca. Se creé que podía denunciar frente a los testigos de la ejecución y la prensa, los nombres de los provocadores y del autor material del atentado del 4 de mayo.

El 11 de noviembre de 1886 se cumplió el patético hecho. Los anarquistas Spies, Ficher, Engels y Parson murieron injustamente ahorcados. Sus convicciones les dieron fuerzas hasta el último suspiro. Sus últimas palabras son aún hoy escuchadas:

– Viva la anarquía! ¡este es el momento más feliz de mi vida!

– Dejadme hablar! ¡Dejad que se escuche la voz del pueblo!

– Tiempo llegará en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy vosotros estranguláis!

En 1893, llegó la reparación tardía para los dirigentes anarquistas ahorcados. Altgeld, Gobernador de Illinois, apenas asumió a su cargo se ocupó de revisar el proceso: 60.000 firmas se lo pedían. El 26 de junio de 1893, les fue otorgado el “perdón absoluto” a los ejecutados y a los tres presos aún con vida; la revisión del proceso no dejaba dudas, se había tratado de un proceso fraudulento.

Durante Julio de 1889, se realizan en París, dos Congresos Internacionales Socialistas Obreros. Uno de ellos, denominado marxista sentó las bases para crear la Segunda Internacional Socialista. En él se resolvió a propuesta del francés Raymond Lavigne que: “Se organizará una gran manifestación internacional con fecha fija de manera que, todos los países y ciudades a la vez, el mismo día convenido, los trabajadores intimen a los poderes públicos a reducir legalmente a ocho horas de trabajo y aplicar otras resoluciones del Congreso Internacional de París.

Visto que una manifestación semejante ya ha sido decidida por la AFL para el 1º de mayo de 1890 en su Congreso de diciembre de 1888, se adopta esa fecha para la manifestación internacional. Los trabajadores de las distintas naciones llevarán a cabo esta manifestación en las condiciones impuestas por la especial situación de su país.

 

(1) El General Justo José de Urquiza se pronunció frente al Brigadier Juan Manuel de Rosas, el 1º de mayo de 1851. Dos años después, los convencionales en la Constitución de Santa Fe, eligieron esa fecha para suscribir la Constitución Nacional. En las escuelas, se suele recordar esta fecha como el “Día de la Constitución”.

 

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