Compartilo

Argentina tiene buena ciencia y una buena base industrial, pero no logran ligarse mutuamente. La clave del mundo desarrollado es lograr esa comunión. Convertir ciencia en tecnología, y tecnología en productos. El caso Invap.

Por Bruno Pedro De Alto

Argentina necesita prontamente poner en marcha un proceso de industrialización con inclusión. Crear miles de puestos de trabajo calificados, ligados a la ampliación de la matriz productiva nacional, debe basarse en la imbricación entre sistema productivo y sistema científico tecnológico. Como suele explicar bien y sencillo el ingeniero Eduardo Dvorkin, hay que “convertir ciencia en tecnología, y tecnología en productos”.

A pesar de las cíclicas andanadas neoliberales que las castigan, Argentina tiene buena ciencia y una buena base industrial. Sobreviven tozudamente, y en cuanto se encuentran con ciclos fértiles, se recuperan. Pero no logran ligarse mutuamente, porque es la política pública que falta. Lograrla ha sido la clave del mundo desarrollado.

La Sociedad del Estado Investigaciones Aplicadas (Invap) es un claro ejemplo nacional de estas afirmaciones. Creada en 1976 mediante un convenio entre el gobierno de la provincia de Río Negro y la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina (CNEA), Invap es la empresa argentina considerada como la de mayor prestigio tecnológico del país y la región. Está dedicada al diseño, integración, y construcción de plantas, equipamientos y dispositivos en áreas de alta complejidad como energía nuclear, tecnología espacial, industrial y equipamiento médico y científico. En 2016 empleaba directamente a más de 1400 personas, de las cuales un 80 por ciento son profesionales y técnicos especializados, e indirectamente a más de 300. En su trayectoria ha logrado exportaciones de alto valor agregado a Argelia, Australia, Perú, Arabia Saudita, y los Países Bajos.

La esencia del Invap es clara, su socio científico–tecnológico es la CNEA, organismo público que se dedica a transformar ciencia en tecnología. La empresa radicada en Bariloche se encarga de transformar tecnología en productos, dado que su forma empresaria le permite el funcionamiento en el mercado. La particularidad es que ocupa espacios en un mercado sofisticado, el de las tecnologías de punta.

Sin embargo, para otros tipos de mercados tecnológicos, no tan avanzados, la fórmula del Invap también sirve. En efecto, la matriz productiva argentina es diversa, amplia, pero tiene sus dificultades. Las economías regionales en general padecen falta de agregado de valor en origen, no hay industrias para las materias primas nacionales. El entramado industrial que se ha hecho fuerte en el mercado interno es vulnerable a las exportaciones y poco preparado para exportar. Las diversas fuentes energéticas nacionales, no necesariamente han generado industrias asociadas, tanto para su extracción como para su procesamiento. Muchos problemas estructurales, como el medio ambiente, la salud, el transporte, la vivienda, siguen sin ser resueltos a escala nacional, ni abordando remediaciones o soluciones definitivas, a través de un entramado productivo nacional y adecuado a la particularidad argentina.

Todos estos frentes problemáticos u oportunidades de negocio ameritan la presencia de organizaciones productivas que, por su naturaleza constitutiva, transformen ciencia en tecnología, y tecnología en productos. Las variantes de actores disponibles para articular son múltiples: organismos de ciencia y tecnología, universidades nacionales, estados provinciales, municipios, cámaras industriales, empresas líderes o innovadoras, que se asocian virtuosamente. De este modo se pueden conformar empresas que la actual legislación nacional ya permite: sociedades del Estado, sociedades anónimas, uniones transitorias, consorcios, dándole salida comercial a productos y servicios tecnológicos de alto valor agregado, generador de divisas y de entramados pymes tecnológicas competitivas. Sobre todo, creador de empleo calificado de amplia cobertura territorial.

Como se puede deducir, estas iniciativas requieren de por lo menos dos actores de diverso origen y funciones, pero dispuestos a crear una empresa tecnológica. Es una trama que crea nudos nuevos. Aparte de estos actores y su voluntad asociativa, hace falta un Estado Nacional dispuesto a transformar ese proceso en una poderosa política de Estado. Entonces, en breve tiempo, no tendríamos un solo Invap, tendríamos 100 Invaps.

* Licenciado en Organización Industrial (UTN) y especialista en Gestión de la Tecnología y la Innovación (Untref). Autor de Autonomía tecnológica (2013, Ciccus) y Tozuda industria nacional (2018, Ciccus-Lenguaje Claro).

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *