Seguimos desandando el camino del olvido

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La Comisión de Familiares y Amigos de Detenidos Desaparecidos colocó una baldosa para conmemorar a Ricardo “Tata” Ghigliazza e Irma “Mimí” Tardivo. En la plaza del Barrio Santa Elena se vivió una tarde llena de emociones y recuerdos.

Irma Mimí Tardivo y Ricardo “El Tata” Ghigliazza fueron compañeros de vida y militancia. El Tata, fue secuestrado el 19 de septiembre de 1975 cuando tenía 25 años. Mimí, fue docente y fue secuestrada en la ciudad de Moreno en su trabajo de la Escuela N° 52 de Cuartel V.

Una de las disertantes fue María Jimena Fernández, militante en organizaciones de Derechos Humanos desde hace años. Es hija de Carlos Fernández, militante político detenido – desaparecido durante la última dictadura como el Tata o Mimí.

“En el año 2014 – 2016, nos propusimos una vez mas desandar el camino del olvido en nuestra ciudad. Para ello, decidimos iniciar la realización de baldosas, que están colocadas en aquellos lugares que los militantes populares de nuestra ciudad, recorrieron con sus pasos y sus prácticas. Queremos que los lugares en los que vivieron, transitaron, estudiaron, trabajaron, militaron y/o desaparecieron, sean espacios que hablen de ellos. Porque nacieron, vivieron o militaron en Luján. Y formaron parte de una generación comprometida con la lucha, por una sociedad distinta, igualitaria, justa y solidaria. Por estas razones, hemos decidido señalar con la colocación de baldosas, aquellos lugares como una huella, una marca en su memoria. Porque militar la memoria, tiene por principal fin, desterrar el olvido y el silencio.”

“Y aquí estamos nuevamente colocando una nueva baldoza. Estamos desandando caminos, marcando nuevas huellas que tendrán siempre el mismo fin. Militar y levantar siempre la bandera de la memoria. Avanzar en la búsqueda de la verdad, y conseguir justicia para las y los 30 mil compañeros detenidos-desaparecidos.”

La primera emoción de la tarde se vivió cuando la nieta de los militantes desaparecidos leyó una carta comentando quienes fueron sus abuelos, sus historias de vida, su experiencia militante y como las políticas de memoria, verdad y justicia le permitieron hablar y conocer más de sus abuelos sin temores.

Luego llegó el turno del segundo momento emotivo en manos de Carolina y María Elena, hijas del matrimonio. Ambas recordaron la carta que posteriormente leerían y que fuera guardada por mucho tiempo. Con la voz entre cortada, Carolina leyó una carta que Mimí les había escrito a sus pequeñas.

“12 de marzo de 1976, hace mucho tiempo que no escribo. Justamente, deje de escribir cuando comencé a ser feliz. Entonces, tenía con quien comunicarme plenamente. Hoy, temo, o mejor dicho, no temo, pero es posible que mis hijas no reciban un relato fiel de como fueron las cosas. Por eso hijitas, escribo esto para ustedes” dice la carta.

Carolina comenzó a leer escritos posteriores a la muerte del Tata. “8 de mayo del 76, al séptimo día de conocernos me dijo que me quería. Por su puesto el sentimiento era mutuo. Hoy mi vida es muy amarga, mi único consuelo son ustedes. Trato de superar mi amargura porque mi vida ya no es para mi, es por ustedes. Papá murió por todos los que sufren, por aquellos que no tienen derecho a vivir. Murió para que todos tuviesen la posibilidad de ser felices, por los pobres, porque queríamos otro mundo para ustedes y todos los nenes. Hubiese preferible ser yo quien muriera, este mundo es muy triste sin papá”.

En la tarde también hubo un momento para la música y el baile. Manuel Sotelo y Daniel Suárez hicieron recomponer las fuerzas a familiares, amigos y militantes que se acercaron para conmemorar a los compañeros desaparecidos.

Entra chacarera y chacarera, Manuel recordó el vinculo de amistad que unía a sus padres con Mimí y el Tata. Y como cierre a pura emoción, la familia Sotelo entregó a Carolina y María Elena unos vasos que Mimí les había regalado durante la infancia de Manuel. Aquellos vasos fueron conservados celosamente por la familia Sotelo en fiel reflejo de la amistad y solidaridad que tenían Mimí y el Tata.

En el cierre de una jornada cargada de sentimientos, la baldosa que recuerda los pasos de Ricardo Ghigliazza e Irma Tardivo fue colocada en el barrio que los vio crecer como militantes y dónde comenzaron su lucha por un mundo más justo.

 

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