Rol del INTI en el desarrollo industrial argentino

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El actual conflicto laboral en  el INTI, fenomenal crisis institucional causada por la actual conducción de Cambiemos, llena de dolor a esta valiosa comunidad científica – tecnológica, “Intianos” nos llamamos a nosotros mismos. Pero en la resistencia y defensa de la institución y de los puestos de trabajo, se van dando dos oportunidades que vienen creciendo desde el pié, o desde el alambrado, ese nuevo ícono de las valientes luchas por el Instituto.

La primera oportunidad, es la significación y resignificación, nunca innecesaria, de quienes somos. Los intianos somos trabajadores, somos estatales, y somos mujeres y hombres del conocimiento tecnológico para el desarrollo industrial. Una especie de tríada letal para los proyectos neoliberales periféricos. Por eso somos su blanco. Pero al mismo tiempo nos fortalecernos en nuestra identidad, nos transformamos en símbolos de otras luchas.

Y la segunda oportunidad que nos da este conflicto, es la oportunidad de pensar el día después de superado el conflicto. Esto es, en definitiva, darnos la tarea y el compromiso de contribuir al rol del INTI en el desarrollo industrial argentino.

Y este segundo punto, es el que quiero abordar aquí.

El país soñado por la inmensa mayoría de los argentinos, con trabajo, calidad de vida, democracia, autonomía, derechos humanos, etc., es solo posible si es sustentable. Deseo y sustentabilidad son dos caras de la misma moneda.

Y el tema es la sustentabilidad: de cómo los argentinos gobernamos la creación y distribución de la riqueza nacional.

Toda la experiencia internacional indica que los países que hoy son desarrollados, lo han sido por la vía industrial. Y que para ello han sido primero proteccionistas y con fuerte apoyo en la ciencia y tecnología. Achicar las estructuras nacionales de CyT, no es compatible con el desarrollo nacional.

Argentina es un país semi – industrial. Y el INTI que tenemos está en tamaño acorde a él. Si vamos a crecer industrialmente, el INTI debe crecer también. En 2015 habíamos tomado nota que la ANPCyT a pesar de su buena gestión (inédita), solo había llegado al 1% de las empresas industriales argentinas. Creíamos que debíamos de llegar a un 10% de empresas alcanzadas para realmente inclinar la balanza hacia la industrialización.

Creo que esos números son aplicables al INTI. Debemos crecer mucho si queremos industrializar al país. Y por supuesto, también mejorar nuestro funcionamiento y articulación dentro y fuera del Instituto. Esa es la reestructuración que debemos hacer. Pero que obviamente es diametralmente opuesta a la que se nos oculta, pero que la desciframos por los terribles indicios del despido, del desguace y privatización y la extranjerización.

La industrialización del país, en base al desarrollo tecnológico nacional, es un proceso sistémico. Por lo tanto debe ser un proceso participativo y democrático: si se trata de las economías regionales, deben participar las provincias, si se trata de crear empleo, deben participar los trabajadores; si es en base al desarrollo científico tecnológico, deben participar los organismos de CyT; si hay que nacionalizar y descentralizar la economía, deben participar los empresarios nacionales, las cooperativas, los consumidores; etc. Un verdadero proceso democrático.

Sobre el INTI, propiamente dicho.

Es imprescindible que conserve su estructura de Centros, porque el dominio temático es la fortaleza del sistema. Dentro de los Centros se deben dar los 5 estadios del conocimiento que señalaba Fidel Alsina (1) : formación, técnico, profesional, desarrollo, e investigación. En todo caso, se ajustan los modelos de intervención sobre la realidad de cada uno de estos niveles del conocimiento.

Con esto se fortalecen los equipos, se retroalimentan, circula el financiamiento desde la acumulación hacia el GAP (2), se reducen los riesgos de que la investigación se aísle del contexto, etc.

Y claramente hay que fortalecer los procesos de transferencia tecnológica, con aceleradoras internas y presupuesto propio para allanar el GAP, ese valle que va desde el desarrollo tecnológico a la industrialización y que nadie quiere financiar por el riesgo implícito.

No temamos al asociativismo del INTI con los otros. Si el caso del INVAP (3) nos llena de orgullo, debemos tener “100 INVAPs”, recorriendo todas nuestras economías regionales, todas las cadenas de valor nacionales (que suelen ser cortas e incompletas), y todos los problemas nacionales (que ninguna consultora internacional puede, ni debe resolvernos). En esos “100 INVAPs”, debe haber alta presencia del INTI.

Lo mismo para las innumerables Agencias de Innovación que se deberá crear, con acuerdo de los gobiernos locales, las cámaras sectoriales y regionales, los organismos de CyT, las Universidades, los trabajadores, etc.; ellas tampoco pueden prescindir del INTI que estamos pensando, y que es infinitamente opuesto al que nos quieren imponer desde representantes de intereses extranjeros.

Finalmente, sobre el gobierno del INTI.

Por lo anteriormente dicho, el plan maestro, el diseño permanente del INTI a los desafíos presentes y futuros, es tema tanto del gobierno nacional (quien conduce el modelo de desarrollo industrial argentino), de los actores económicos nacionales, y fundamentalmente de la propia comunidad del INTI desde sus estructuras internas y sus trabajadores organizados.

Es hora de pensar en formas de gobierno participativo en el INTI.

(1) Fidel Alsina, uno de los fundadores del Instituto Balseiro.

(2) GAP: es el vacío financiero que hay entre el pasaje de un desarrollo tecnológico, hasta alcanzar la industrialización.

(3) Dice Diego Hurtado, que si en 1950 hubiera sido presidente Macri, no habría creado la CNEA, sino comprado el reactor nuclear en el extranjero. Entonces, hoy no existiría Invap, y la venta a Holanda que tanto elogió, no hubiera existido.

 

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