El golpe de la Revolución Libertadora…

Compartilo

… “La década de oro de la universidad argentina” 

por Bruno Pedro De Alto

En septiembre de 1955, es derrocado el general Juan Domingo Perón, que había gobernado desde 1946 hasta ese año, electo en dos oportunidades en elecciones libres, obteniendo amplia mayoría en los votos. Sin embargo, un amplio abanico político social apoyado en un importante sector de las fuerzas armadas instaura un gobierno de facto, autodenominado Revolución Libertadora.

Con una cantidad importante de medidas represivas y con la consagración de la proscripción de las mayorías populares se presenta a la sociedad “para restablecer el imperio de la moral, de la justicia, del derecho, de la libertad y de la democracia” [1].

Inmediatamente a la caída de perón asume el gobierno el general Eduardo Leonardi, acompañado por el almirante Issac Rojas. Los sectores de las fuerzas armadas que impulsaron el golpe estaban agrupadas en dos líneas que podían resumirse en una liberal, o autodenominada democrática, y otra nacionalista. Ambas con fuertes lazos con la iglesia católica y vínculos políticos con los partidos que los apoyaron. Una de las primeras medidas políticas de esta dictadura fue la configuración de un órgano de consulta llamado Junta Consultiva donde participaron la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Nacional, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Demócrata Cristiano y la Unión Federal. Sin embargo, la permanencia dentro del gobierno de sectores nacionalistas, que si bien se habían alejado de Perón pero sostenían los criterios básicos de su gobierno, crearon varias crisis internas que finalizaron con la separación de Leonardi y su remplazo por el general Pedro Eugenio Aramburu en noviembre de 1955.

Se profundiza el anti peronismo de este régimen, aunque se propone entregar rápidamente el gobierno a una fuerza elegida por el voto popular. La revolución libertadora deroga la Constitución de 1949, impulsa medidas económicas que liberalizan la misma y retiran al Estado de instancias planificación y control. Se ingresa al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial.

Para dar respuesta a las tensiones creadas durante el período peronista en la Universidad de Buenos Aires, Aramburu se reúne con las conducciones de la Federaciones Universitarias de la UBA y la FUA que durante el año 1954, a causa a una importante huelga estudiantil contra el gobierno nacional los fortaleció como interlocutores. Ellas, especialmente la FUBA, se habían hecho cargo de la universidad ante el vacío inmediato a la caída del gobierno peronista [2]. Se acuerda instaurar el postergado modelo de universidad reformista, ideario democrático de los sectores universitarios de afines al radicalismo, el comunismo y socialismo, pero también muchos sectores independientes de izquierda. En esta última se inscribían una gran cantidad de profesores que no habían podido desplegar libremente sus tareas, tanto antes y durante la universidad peronista, dado el marcado sesgo confesional de las autoridades.

El gobierno designa como interventores de la UBA, a José Luis Romero y José Babini, de marcada trayectoria socialista, como rector y vice. Por su parte en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, es nombrado como decano a Rolando V. García y posteriormente como Vice Decano a Manuel Sadosky, inspirados en los principios de la Reforma Universitaria, pero con una mirada puesta en el logro de desarrollar ciencia aplicada.

En la Facultad de Ingeniería, en cambio, el movimiento estudiantil reformista nucleado en el Centro de Estudiantes “La línea Recta”, debe articular entre el grupo de profesionales, tecnólogos y científicos afines a la Reforma convocados por la nueva situación y los profesores más conservadores que se habían desempeñado hasta 1945. “(…) se logró un compromiso designando como Decano Interventor al Ing. Pedro Mendiondo, a la sazón Ministro de Obras Públicas del Gobierno Revolucionario del Gral. Lonardi y último decano antes de la intervención de la Universidad de 1946 dejado cesante mediante ese hecho. La designación fue una solución de compromiso frente al peso de los sectores conservadores de la profesión. El Ing. Mendiondo era un distinguido profesional, de corte conservador no confesional, de ideas liberales [3]”.

Era un clima antiperonista, pero se lo sortea pues se pone el acento en las críticas hacia la comunidad universitaria histórica: “Las poderosas camarillas de las facultades de Medicina, Ingeniería y Derecho habían gobernado a voluntad durante toda la historia de la Universidad, y eran responsables de su atraso y de su estancamiento. Las ciencias básicas eran solo el pasatiempo de una élite o el áspero camino de algún asceta con pasión por la ciencia [4].”. Luego, fundamentalmente con la creación de Instituto de Cálculo (IC) y los desarrollos del Departamento de Electrónica de la Facultad de Ingeniería logran un ámbito de desarrollo de ciencia aplicada que encontraba en la estructura productiva estatal – herencia en gran parte del peronismo – sus campos de aplicación y transferencia.

La matriz ideológica de esa conducción era fuerte y clara. Decía el decano de Exactas: “La transformación a la cual yo aspiro para mi país consiste, simplemente, en que deje de ser un país dependiente. Quizás para evitar cualquier parecido, aun en las palabras, sería mejor que llamara a este tipo de transformación por su verdadero nombre: se trata, lisa y llanamente, de la liberación nacional; de una liberación auténtica, que permita a la gran masa de nuestro pueblo tomar en sus propias manos su destino como pueblo. Esta liberación tiene un doble sentido, porque también es doble la raíz de nuestra dependencia. Se trata, en primer término, de una liberación de la dependencia externa. Es quizás la más fácil de definir puesto que existe para ella una palabra inequívoca que resume el concepto: el imperialismo. En segundo término, es una liberación de la dependencia interna, que se puede definir como el dominio que ejercen minorías privilegiadas sobre la gran masa de la población [5]”.

La situación de las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Ingeniería eran similares, la segunda era un desprendimiento hecho en 1952 de la primera, y se organizaban como un conjunto de cátedras de manera estanca y asinérgica. Ambas no tenían prácticamente ningún peso dentro de la Universidad, pocos alumnos, pocos profesores, edificios destruidos, laboratorios vetustos y mal equipados, presupuesto escaso, etc.

En ambos casos lograron en diez años darse una identidad; tener jerarquía, capacidad de trabajo, rigor en los estudios y en las investigaciones que en ella se realizaran. Esto solo podía lograrse con una nueva generación de docentes e investigadores que tuvieran un alto nivel de formación y una clara conciencia de la responsabilidad social que les cabía a ellos, como científicos y a la Universidad, como institución nacional. Y como segundo punto lograron jerarquía en la investigación aplicada. Sus proyectos concretos iban a ser el Instituto de Cálculo en Ciencias Exactas y Naturales; el prototipo CEFIBA; y los Laboratorios de Semiconductores y de Aplicaciones Electrónicas en Ingeniería; y los proyectos interinstitucionales que no vieron la luz a causa del golpe de 1966: el Instituto de Tecnología y el Instituto de Industria.

Por esta razón, los intentos de desarrollo autónomo en la década de los ’60, orientados a obtener una computadora nacional [6], y llevados por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, son hito en sí mismo.

Notas
[1] Declaración de principios del Gobierno Provisional, diciembre de 1955.
[2] “También demostró en las casi 2 semanas de gestión de la Presidente de FUBA como Interventora en la UBA y de los Presidentes de Centros como los correspondientes delegados interventores en cada Facultad, que fueron capaces de mantener el normal funcionamiento académico y administrativo”.
[3] Jorge L. Albertoni y Roberto H. Zubieta. “La FIUBA en el período 1955 a 1966”. En “La construcción de lo posible. La Universidad de Buenos Aires de 1955 a 1966” Compilado por Catalina Rotunno y Eduardo Díaz de Guijarro. Libros del Zorzal. 2003.
[4] Entrevista a Rolando V. García. Ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires desde 1957 hasta la intervención, en 1966. Universidad y frustración. Entrevista a Rolando V. García. Ciencia Nueva. Revista de Ciencia y Tecnología. N° 13. 1971
[5] Idem.
[6] ¿Que implicó una computadora en esos años? Ya había pasado la década de los ´40 donde EE.UU. desarrolló la ENIAC, un gigantesco aparato eléctrico que calculaba a grandes velocidades, pero no podía guardar información; y su sucesora la EDVAC que si guardaba datos y el programa de ejecución. A fines de la década de los ’50 los transistores reemplazaron a las válvulas, y se estaba a un paso de lograr los primeros circuitos integrados. Las computadoras eran ya artefactos eléctricos con interfases electrónicas. Su arquitectura obligaba sumar a la computadora propiamente dicha, el equipo complementario que incluía perforadoras de tarjetas, verificadoras, clasificadoras, lectoras, etc. dado que las tarjetas eran todavía el principal medio para la entrada y salida de información. En aquel entonces el universo del desarrollo de las computadoras era solo EE.UU. e Inglaterra (ya con productos en el mercado); y Francia, Alemania, Suecia, Suiza y la Unión Soviética con intentos experimentales.

Fuente: http://visionpais.com.ar/

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